Lamia o la insatisfacción permanente

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Seguro que te encuentras, o te has encontrado, viviendo la insatisfacción en algún área de tu vida o en todas ellas. La insatisfacción nos ayuda a tomar decisiones y cambiar aspectos de nuestro cotidiano para sentirnos más plenos. Pero se puede cronificar y es entonces cuando provoca ansiedad y tristeza.

A veces no valoramos lo que tenemos, lo que hacemos y tampoco sentimos agradecimiento por los seres humanos que nos acompañan de lunes a domingo. Inés Bengoa, colaboradora Buenasterapias, nos habla hoy de Lamia, ser de la mitología vasca que nos recuerda los peligros de la insatisfacción permanente…

 

Entre los seres fantásticos que habitan la mitología vasca está la Lamia, que ya aparece en la tradición grecolatina como un ser seductor que las madres de la Antigüedad mencionaban para asustar a los niños traviesos.

En la mitología vasca, sobre todo en los territorios del sur, las lamias son genios mitológicos mitad humano mitad animal. La parte superior suele ser de una hermosa mujer y la inferior aparece en forma de pies de pato, cola de pescado o garras de algún tipo de ave. Habitan cerca de ríos y fuentes, donde acostumbran a peinar sus largas cabelleras rubias con peines de oro. Suelen ser amables y se cuenta que han ayudado a los hombres en la construcción de dólmenes, crómlech y puentes.

 

Imagen de una escultura de una lamia en Arrasate (Guipúzcoa)

Escultura de una lamia en Arrasate (Guipúzcoa). imagen: wikipedia.org

 

En los territorios más al norte existe otro tipo de lamia, una mezcla entre enano y diablo que, sin llegar a ser malvados, son seres a los que se debe respetar, por si acaso.

La siguiente leyenda, en la que aparece una de estas últimas lamias, nos habla de la perpetua insatisfacción que a veces persigue al ser humano.

Hace mucho tiempo vivía un cantero en un pequeño pueblo llamado Zuraide, en la provincia de Zuberoa. Su trabajo era necesario y muy estimado por sus vecinos, pero el cantero no estaba contento ya que, según decía él, era un trabajo duro y cansado.

En aquella época había muchas lamias en el País Vasco. Una de éstas escuchó las quejas del cantero y se le apareció para preguntar: 

– ¿Qué te pasa? ¿No estás contento?

– Pues mira, esto de picar piedra es un trabajo muy duro y casi no me da para vivir. ¡Así nunca llegaré a ser rico! 

– Si eso es lo que quieres –le dijo la lamia- serás rico.

Y la lamia lo llenó de riquezas.

En un principio, el cantero pensó que se trataba de un sueño pero en seguida se acostumbró a su nueva vida. Tenía mucho dinero, una hermosa casa, sirvientes… la verdad es que vivía muy bien. Pero, con el paso del tiempo, se aburrió de su nueva situación.

– Ahora soy rico –pensó-, pero no tengo poder.

De nuevo apareció la lamia.

– ¿Y ahora de qué te quejas?

– Pues… verás… ahora soy rico y estoy muy bien pero quisiera tener más poder… ¡Me gustaría ser emperador!

Y la lamia lo convirtió en emperador.

– Qué contento estaba el cantero! ¡Era emperador! Tenía todo lo que quería y además tenía a todo el mundo a su servicio…

Llegó el verano y con él un calor insoportable. El emperador no podía encontrar ni un sitio dónde poder estar más fresco.

– Si el sol puede molestar al emperador –se dijo a sí mismo- eso quiere decir que el sol es mucho más poderoso que el emperador. ¡Ójala fuera sol!

La lamia, que se encontraba allí cerca, lo oyó todo y lo convirtió en sol.

 

Ilustración de una lamia

imagen: davidpuertas.com

El cantero estaba muy contento porque era sol pero, de pronto, una pequeña nube se le puso delante y lo tapó. El hombre rico-emperador-sol pensó que si una pequeña nube podía taparlo ella era más poderosa. Le entraron ganas de ser nube.

Y la lamia lo convirtió en nube.

El cantero estaba loco de contento con su nueva situación. Ser nube era muy agradable, podía tirar rayos y lluvia a la tierra, mojar a la gente y obligarles a entrar en casa… De repente vio una roca que aguantaba tranquilamente la lluvia, entonces el cantero pensó que la roca era más poderosa. Quiso convertirse en roca.

Y la lamia lo convirtió en roca.

En seguida sintió unos golpes que lo partieron en mil pedazos, así es que gritó:

– El cantero es el más poderoso ya que puede partir una roca en mil pedazos. ¡Ay! ¡Quién fuera cantero!

Entonces la lamia lo convirtió en cantero y le dijo:

– Cuando eres una cosa quieres ser otra distinta. ¡Estás igual que al principio! Lo mejor va a ser que cada uno siga con lo suyo: yo lamia y tú cantero. La lamia desapareció y no volvió a presentarse ante el cantero nunca más.

 

Fuente: “Euskal Herriko Leiendak” de Toti Martínez de Lezea.

Traducción: Inés Bengoa

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