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Flores de Bach y adolescencia femenina

¿Qué le pasa a tu hija adolescente? ¿Está viviendo esta etapa tan singular de su vida con silencio extremo, rabia explosiva, aislamiento, trastornos de la alimentación, agresividad, apatía, sexualidad desmedida? Quizá esté llena de orgullo y fascinada por su independencia mental.  Quizá te ponga de los nervios o te tenga preocupada… Recuerda que es probable que tenga miedo a lo nuevo, a no ser capaz, a equivocarse, a no dar la “talla”… Macarena Vergara nos habla de cómo las flores de bach ayudan a nuestras hijas a vivir con naturalidad los infinitos cambios que están por venir.

 

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Macarena Vergara Sandford. Flores de Bach

 

La adolescencia es un período de cambio. Siempre estamos evolucionando física, mental y emocionalmente a lo largo de nuestras vidas, pero cuando hablamos de la adolescencia conviene resaltar que ésta es un momento en el cual todo en nosotros quiere una expansión sin precedentes y en el cual necesitamos definirnos como personas separadas de nuestros padres y madres, acercándonos más a nuestros pares, amigos y amigas, y queriendo formar parte de una nueva tribu. Dejamos atrás, o al menos lo tratamos, el vínculo emocional que tenemos con nuestros padres para establecer nuevos vínculos con las personas de nuestra elección, ya que en esta etapa es fundamental el poder decidir por nosotros mismos y elegir conscientemente quiénes estarán en nuestros nuevos círculos íntimos.

Cuando somos niños, estamos fusionados con nuestras figuras de apego (padre, madre, abuelos o personas que estén a nuestro cargo). Nos dejamos guiar y dependemos de ellos. Llegamos a vivir en gran medida a través de los ojos de estas personas. El diferenciarnos como propósito vital no es algo que busquemos especialmente. Estamos en el descubrimiento de la vida, en el juego y en un mundo puramente emocional. Llegamos a este tierra con ciertos rasgos de nuestra personalidad ya definida, pero siendo niños nos amoldamos a nuestro entorno, nos acoplamos y nos nutrimos de éste.

Está claro que hay cambios en el transcurso de nuestra infancia: vamos creciendo y pasamos por infinidad de transformaciones físicas, psicológicas, cognitivas, emocionales y una larga lista más; pero la diferencia entre estos cambios y los que podemos atravesar en la adolescencia es que en la infancia hay un componente más “animal”, más instintivo e intuitivo, en el cual la figura de apego tiene un rol capital, ya que está allí para acompañarnos, para contenernos y guiarnos. Al decir que son más instintivos quiero decir también más emocionales. No pasan tanto por el filtro mental. Los cambios en esta etapa no dependen tanto de la conformación de la personalidad del individuo. En cambio cuando hablamos de la adolescencia estamos en un momento en el cual no sólo tenemos el componente emocional/fusional de la infancia, sino que también cobra gran importancia lo racional. La mente se define como única y separada y entramos en esa búsqueda de individualidad y en la necesidad de sentirnos independientes y únicos.

Metafóricamente hablando, estamos frente a un acantilado, el vacío mismo de lo nuevo, lo desconocido; y no queremos tener más la ayuda y la guía de nuestras figuras de apego porque lo que necesitamos justamente es sentirnos separados, libres. Las rechazamos como opuestas a nuestra “nueva vida”, las tildamos de obsoletas y es entonces cuando nos plantamos en el borde de ese acantilado, al cual nos tenemos que lanzar, creyendo que sí sabemos hacerlo por nosotros mismos y queriendo demostrar a nuestros pares que sí somos capaces. Estamos llenos de orgullo y nos sentimos alados por nuestra nueva independencia. Pero por dentro tenemos también miedo a lo nuevo, miedo a no ser capaces, miedo a equivocarnos, a no dar la “talla”, además de un sin fin más de emociones que nos desbordan sin que podamos controlarlas.

Los cambios, como decía, son inherentes a nuestras vidas. “Cambia, todo cambia” como dice la maravillosa canción de Violeta Parra. ¿Pero qué podemos hacer cuando estos cambios no los vivimos bien, cuando ellos nos desestabilizan, nos fragilizan y perturban?

 

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Walnut (nogal). imagen: universofloral.cl

 

  • Walnut (nogal) es la esencia floral que nos ayuda a pasar estos períodos o momentos en los cuáles no nos adaptamos o sufrimos con los cambios que se producen internamente en nosotros o en nuestras circunstancias vitales. Al considerar esto, llegamos a la conclusión de que ésta es una esencia altamente espiritual, ya que, al ayudarnos a estar mejor en esta vida terrenal, es decir, a vivir bien cambios físicos, emocionales y mentales (también cambios de espacio como mudanzas, cambio de trabajo, cambio de países, etc.) nos lleva a poder adaptarnos a lo que la Vida en definitiva nos enseña día a día, que no es ni más ni menos que estamos en constante evolución y que para ser felices tenemos que ser, usando una imagen metafórica típica del Zen, como el junco que se mueve con el viento, flexible. Si no somos flexibles, si no nos adaptamos a los miles de cambios, vamos luchando contra la Vida y vamos tensionándonos y cristalizando en nosotros emociones que luego nos hacen daño.

Una vez hecha esta reflexión sobre los procesos de cambio que se suceden a lo largo de nuestras vidas y cómo estos nos afectan de una forma genérica, volvamos a la idea del cambio y a los otros procesos propios de la adolescencia considerados desde una perspectiva femenina. Las mujeres en esta sociedad estamos siempre confrontadas a una imagen física muy restrictiva y restringida. Vemos en revistas y medios audiovisuales constantemente mujeres delgadas, maquilladas, vestidas de esta o aquella manera… En definitiva, una mujer sumamente estereotipada. Las adolescentes, en búsqueda de su propia identidad y al tratar de compartir ésta con sus pares, tratan de encontrar fuera de ellas lo que “funciona” en este mundo y procuran ceñirse a ello. Se crean grupos de amigas y se definen por una línea que siguen todas como su propia bandera.

¿Pero qué pasa cuando no podemos adaptarnos a esta moda? ¿Qué pasa cuando por más que queramos, ya sea por nuestro físico o por nuestro tipo de personalidad, no entramos en estos cánones impuestos por la sociedad y compartidos por el grupo de amistades que hemos decidido tener? Sufrimos, nos sentimos menos que los demás, nos llenamos de rabia, de rencor, perdemos confianza en nosotras y podemos incluso llegar a detestarnos. Aquí, entre otras esencias que ya nombraré, Walnut es de gran ayuda, porque nos ayuda a sentirnos estables, a adaptarnos y a no estar ni frágiles ni influenciables en un momento complicado.

Pongo un ejemplo: María es una adolescente que tiene una personalidad más bien tímida e introvertida. No le gusta llamar la atención, se pone muy nerviosa al estar con personas que no conoce. Sin embargo, con sus amigas se siente muy a gusto y es extrovertida y divertida. Empiezan los cambios físicos y hormonales propios de la adolescencia y su cuerpo comienza a cambiar incontrolablemente. Sus pechos crecen (¡y mucho!) y comienza a configurarse como una mujer muy guapa y voluptuosa. En cambio, sus amigas siguen siendo las mismas de siempre. No han comenzado aún a experimentar a esos cambios o quizás algunas sí, pero de una manera mucho menos pronunciada. Sus amigas, viendo que María tiene un cuerpo ya más formado que ellas y por ende más “de mujer”, comienzan a hablar de ella, seguramente hasta con celos y envidia, porque los chicos la miran y porque, por dondequiera que pasa, las miradas se vuelven a ella. Es una joven mujer preciosa, pero para ella lo que le está sucediendo es lo peor que le podría haber pasado. Por culpa de este cuerpo ya sus amigas no son como antes con ella. Se siente incomprendida y sola. Y qué no decir de todas las miradas que percibe a su alrededor, cosa que la ponen muy nerviosa y que lo único que suscitan en ella es sentimientos de incomodidad. Todo esto le produce unas ganas locas de querer desaparecer. Los cambios que María está experimentando no la hacen feliz. La fragilizan, la ponen en evidencia y está perdiendo toda la estabilidad que sentía en su pequeño grupo de amigas. Walnut ayudaría a María a adaptarse a estos cambios y a vivirlos mejor. Me refiero al cambio físico y hormonal, pero también al cambio en la manera de relacionarse con sus amistades y al cambio de su entorno, pues donde antes pasaba completamente desapercibida, ahora es el centro de atención.

Antes de continuar quiero dejar claro que es fundamental tomar en cuenta a la persona en su conjunto para no utilizar las Flores de Bach como un tratamiento sintomático para desequilibrios emocionales puntuales. En este caso, además de Walnut, María debería tomar como flor de personalidad Mimulus (mimulus), que es la propia de los personas tímidas y que sienten aprensión por lo nuevo. Esas personas que se sienten por lo general incómodas y nerviosas cuando las miran, y que experimentan infinidad de miedos que la avasallan día a día. Además de esta flor, le sería de gran ayuda Crab Apple (Manzano silvestre) para aceptar los cambios físicos que está viviendo y para quererse tal cual es ahora mismo. También es muy posible que necesite Pine (Pino silvestre) si se siente culpable porque sus amigas la hayan dejado de lado y se reproche cosas a sí misma, ya que es probable que no se acepte no sólo físicamente si no también emocional y mentalmente.

En los libros que encontramos comúnmente sobre Flores de Bach, por lo general, se suelen dar infinidad de fórmulas. Es muy difícil no tomar estas fórmulas como recetas que se pueden aplicar inmediatamente, ya que al enumerar las esencias florales y decir para qué sirve cada una de ellas individualmente, se da una información teórica muy atractiva y de aparente fácil aplicación, pero en realidad esta simplificación se aleja bastante de la esencia del trabajo con Flores de Bach. Por un lado, no se considera el funcionamiento de las Flores cuando interactúan entre ellas, y por otro lado, es muy común confundir emociones similares en apariencia, pero que tienen que ser tratadas con flores diferentes, porque en caso contrario, el efecto terapéutico no tendrá lugar. Entiendo esta voluntad divulgativa de dar a conocer al gran público las Flores de Bach como un gesto de buena voluntad, pero hay que hacerlo con muchas precauciones.

Las personas que han tomado talleres conmigo me piden casi siempre ciertos tipos de recetas para poder estructurar una especie de protocolo floral, pero yo me niego a ello sistemáticamente. Lo que siempre digo y re-digo es que lo fundamental es considerar a la persona holísticamente: cómo es ella, cómo se siente, por qué se siente así, qué la lleva a actuar de una u otra manera; y luego, una vez tomado esto en cuenta, se pueden buscar las flores que podrán ayudarla.

Necesito dejar esto claro antes de seguir enumerando esencias florales que puedan ayudar a las adolescentes y le pido al lector que no se base en esta información como si fuera una fórmula fija, ya que el sistema floral es completamente dinámico y en cada caso nos encontraremos con algo diferente.

  • Wild Oat (Avena Silvestre): Ayudará a la adolescente que no llega a definir cuál es el camino vocacional que quiere tomar, y le ayudará a tomar decisiones de orden crucial. Para cuando tiene muchos centros de interés y la sensación además de venir a esta tierra a hacer algo importante, pero sin ser capaz de definirse, pues puede que sienta que al soltar las otras posibilidades, en realidad, pierda lo más importante.
  • Crab Apple (Manzano Silvestre): Ayudará cuando no se guste físicamente llegando quizás a sentir asco de ella misma, sea por sobrepeso o delgadez, sea por imperfecciones físicas, granos, pecas, marcas, etc. También ayudará a no obsesionarse por detalles que se amplifican en su mente: ese granito que ella ve GIGANTE siendo que nadie lo ve, o los 200 gramos que pesa de más y que no la dejan vivir feliz.
  • Beech (Haya): Será de gran ayuda cuando la crítica hacia los demás la invada, cuando se encuentre irritada por la forma de hacer o hablar de sus padres u otras personas.
  • Impatiens (Impaciencia): Cuando se sienta impaciente porque le sucedan cosas nuevas en su vida, por que se cumplan plazos sobre cuestiones que la atañen o cuando sienta que los demás van demasiado lentos.
  • Cerato (Ceratostigma): Le ayudará cuando le cueste guiarse por su propia intuición, cuando caiga en preguntar constantemente a los demás sus opiniones y se deje guiar finalmente por éstas sin hacer caso a su propia voluntad.
  • Chicory (Achicoria): Cuando se sienta poco querida y dolida por un cierto “abandono” de la parte de sus amigos y amigas, y cuando se sienta desplazada y celosa. También cuando para ella sea importante ser el centro de atracción y sufra cuando no sea posible serlo.
  • Chestnut Bud (Brote de castaño): Para aquella a la que le cuesta aprender de sus errores, para la que trata de cambiar y siempre vuelve a caer en lo mismo. Para cuando le cuesta concentrarse por estar muy dispersa y poco enraizada en su día a día. Ejemplo: Claudia dice : “No entiendo qué me pasa, no aprendo nunca. Sé que no me gusta cómo me trata Alicia y sin embargo siempre vuelvo a tratar de ser su amiga”.
  • Larch (Alerce): Ayudará a la que tiene poca confianza en sí misma, en sus capacidades, y llegue incluso a no osar hacer cosas por miedo a quedar en evidencia, ya que en su cabeza otros y otras pueden hacerlo todo mejor.
  • Holly (Acebo): Cuando tenga episodios de rabia explosiva con sus padres, amigos y amigas, hermanos y hermanas. Cuando sienta envidia, celos, desconfíe de otros… Para cuando sienta que le pueden “quitar” su lugar.
  • Water Violet (Violeta de agua): Para cuando se encierra en su mundo y le cuesta mucho la comunicación y el contacto con los otros. Ejemplo: Violeta es una chica muy independiente y solitaria, en general le cuesta la comunicación con los demás pero esto no es por timidez sino más bien por sentir que los demás no le interesan, no le aportan nada. Además de esto, ahora que es adolescente, le es aún más duro la interrelación con sus padres, y los siente muy lejos de ella e incapaces de comprenderla: unos aburridos. Prefiere no perder energía ni tiempo en pasar un momento con ellos. Esto hace que se aísle, que se encierre en su habitación y que no haga vida familiar.
  • Heather (Brezo): Para los episodios de egocentrismo, en los que cuesta escuchar a los demás y se dramatiza por lo que sucede, sin tener una perspectiva real. O para cuando se está en un estado de egocentrismo en el que sólo hay espacio para hablar de lo magnífica que una se cree y no se escucha a los demás. Ejemplo: Paula se agobia muchísimo por cada cosa que le sucede, lo vive de forma muy intensa y le cuesta salir de ahí. Además necesita contárselo a quien sea. Necesita tener a un interlocutor, al cual no suelta, y al hablar con él da vueltas y vueltas a lo que a ELLA le pasa. Su amigo le empieza a contar algo que le ha sucedido y ella no le escucha en lo más mínimo y vuelve al ataque hablando de lo que ella siente.
  • Scleranthus (Scleranthus): ayudará para todo tipo de desequilibrio en el que se oscile entre dos polos opuestos: emocional (paso de la euforia a la tristeza), hormonal (reglas irregulares), físico (mareos) y también para cuando cuesta mucho decidir entre dos o más cosas, lo cual produce sufrimiento interior. Ejemplo: A Belén le cuesta mucho tomar decisiones, además le cuesta concentrarse ya que cuando se tiene que poner a estudiar, antes de sentarse, pasa de una cosa a la otra sin terminar nunca de hacer algo: “Ay, voy a escribirle a tal para tal cosa… un café, me voy a hacer un café… vale, me siento a estudiar… uy, le tengo que decir a Fulanita que no puedo quedar mañana… ¡Concentración, a estudiar!… ¡Mi camiseta roja! ¡La tengo que lavar!… Vale, me siento. Ahora sí que me siento… Mmmm, tengo hambre. Me preparo un bocadillo y sigo…” Y así toda la tarde sin terminar de poder sentarse, centrarse, y estudiar.
  • Agrimony (Agrimonia): Para aquélla que siempre se muestra feliz, alegre y jovial pero que vive interiormente una tortura o una angustia y no quiere entrar en contacto con ella. Estas chicas, por lo general, tratan de evadirse con salidas, comida, drogas, alcohol, sexo o lo que sea que las aleje de estar solas con ellas mismas. Ejemplo: Susana está pasando por un momento muy difícil familiar. Sus padres se divorcian, hay problemas financieros y no sabe cómo podrá pagarse sus estudios. Está bastante agobiada. Va a una fiesta y se pasa toda la noche bailando, riendo y siendo el alma de la fiesta. Nadie sabe lo que le sucede realmente y ella jamás lo demostrará. Es más, cuando le preguntan cómo va su vida ella responde : “Genial” con una sonrisa de oreja a oreja. Es la última en irse de la fiesta porque lo que más teme es llegar a casa, encontrarse sola y conectar con su realidad. Esto la agobia increíblemente y prefiere irse a casa de una amiga para no estar sola.
  • Rock Water (Agua de roca): Para la adolescente que se autoimpone un modelo que quiere seguir y del cual es prisionera. Esta flor ayuda cuando estamos siendo muy rígidos mentalmente y nos cuesta disfrutar de la vida de forma relajada porque estamos atados a las creencias de cómo debemos ser o cómo debemos hacer las cosas. Ejemplo: Beatriz lleva al pie de la letra un régimen que se ha impuesto por que debe llegar a pesar sus 50’000 kilos, y ahora pesa… ¡50’400Kg!. Va a una fiesta y siente cierto placer al decir delante de sus amigas que ella no come nada de lo que proponen allí porque está a dieta. Se muestra como un ejemplo para las demás (en su mente) y pierde la oportunidad quizás de compartir una cena agradable con sus amistades sin sentirse restringida.
  • Gentian (Genciana): Para cuando se cae en el pesimismo, la negatividad y la duda de que las cosas vayan a funcionar. Ejemplo: Laura ha tratado de entrar al equipo de voleibol femenino, se había preparado bien y en la prueba final le fue mal. Se viene abajo. Siente que no sirve para eso, que ya sabía que no la aceptarían, y está bastante abatida. Al otro día a pesar de todo, tiene ganas de volver a intentarlo, pero con cierta duda de si lo logrará o no. Le cuesta soltar el pesimismo.

Como pueden ver aquí descritas, hay varias esencias florales que podrían ayudar en esta etapa tan importante de la vida, pero vuelvo a insistir en el hecho de que, siendo el Sistema floral algo completamente dinámico, cada persona y cada caso necesitará ser revisado antes de tomarlas como una receta médica.

Existen 38 elixires florales y dependiendo de la adolescente, de su tipo de personalidad y de sus circunstancias vitales, se necesitarán unas u otras esencias. Lo expuesto aquí son sólo ejemplos para invitar al lector a cuestionarse qué es lo que le pasa a la persona a la que querría ayudar (o en su caso a nosotras mismas) para luego contrastar su caso con la información aquí expuesta. En todo caso, invito al lector antes de nada, en el caso de que la adolescente siga algún tipo de tratamiento médico, a hablarlo con su doctor para que éste sepa que tomará Flores de Bach.

Las Flores de Bach son elixires florales naturales completamente inocuos y que pueden ser un complemento a cualquier tratamiento alopático, homeopático y/o natural. Éstas acompañan a la persona en su proceso emocional, desvelando el potencial positivo que se encuentra en cada uno de nosotros y nos ayudan a encontrar un balance interior.

Macarena Vergara Sandford

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Flores de Bach y crianza respetuosa

Con la maternidad y la paternidad convocas experiencias hermosas y amorosas y, simultáneamente, te encuentras con tus sombras. La crianza te regala, a ratos, rabia, culpa, inseguridad, cansancio, impaciencia, intolerancia… Y tus hijos también experimentan estados conflictivos en su convivencia familiar. ¿Qué pueden hacer las Flores de Bach para fomentar una crianza respetuosa? Macarena Vergara Sandford, consejera profesional colegiada por la Bach Fundation y colaboradora Bt, profundiza en este apasionante tema.

 

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Macarena Vergara Sandford. Flores de Bach y Crianza respetuosa. Sevilla

 

Las Flores de Bach son ya conocidas y utilizadas en todo el mundo y han hecho prueba de su eficacia para ayudar a equilibrar todo tipo de estado emocional negativo, que puede llegar incluso a conducirnos a la enfermedad. Se han escrito muchísimos libros sobre ellas, cómo tomarlas, qué son, de dónde vienen, para qué sirven y también se han escrito libros sobre las Flores de Bach para hombres, para mujeres, para los niños, adolescentes etc. Yo no voy a hablar sobre todo esto que ya está más que desarrollado y con muy buenos exponentes, como Judy Howard y Stephane Ball entre otros, por no nombrar evidentemente al propio Dr. Bach, que nos dejó sus escritos con toda su filosofía y la explicación del sistema Floral.

Teniendo a dos niños pequeños me encuentro en un momento vital en el que la crianza lo inunda todo. Por esta razón quiero escribir sobre este hecho tan importante en la vida de hombres, mujeres, niños y niñas pero partiendo de una premisa que no ha sido desarrollada como yo creo que sería necesario.

Por lo general, cuando se habla de las Flores de Bach se describen por un lado, los estados emocionales desequilibrados o las situaciones que nos pueden llevar a ellos para luego proponer las Flores que podrían ayudar a equilibrarlos; o por otro lado, se considera la Terapia Floral, como decía arriba, por temas, como “Las Flores de Bach y las mujeres”, “Flores de Bach en la infancia” “los hombres y las Flores de Bach” etc. Pero muy rara vez se relaciona el mundo del adulto (racional) con el del niño (emocional), y menos frecuentemente aún se considera que la sanación del niño o de la niña pasa necesariamente por un planteamiento que englobe a todos los miembros de su familia nuclear. Ésta es la premisa a la que me refería antes. Es fundamental proponer una mirada más global, más holística, con respecto a todos los que conformamos una constelación familiar, de modo que todo el potencial que hay en ella para poder evolucionar como conjunto y también como individuos no se quede en un nivel potencial, sino concreto y efectivo.

 

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Flores de Bach y Crianza Respetuosa. Cerato. Macarena Vergara

 

La crianza, y desde ahora siempre consideraremos la experiencia de la maternidad y la paternidad englobadas en ella, es una vivencia muy hermosa y a la vez muy “devastadora”. Hermosa porque dar la vida a un nuevo ser es en sí maravilloso, y que ese ser venga a hacer su camino en esta vida junto a uno, nos llena de emoción , de ternura, de luz… Además, qué decir del “Amor” en mayúsculas que padres y madres podemos llegar a sentir por estos seres. En fin, estaremos al menos de acuerdo en que ser padres y madres es una experiencia única y que nos cambia para siempre.

Pero hablemos de la otra parte, de esa parte que no nos gusta, que nos hace sentir mal, con rabia, culpables, inseguros, abatidos, desilusionados, de lo que llegamos a sentir como padres y madres en los momentos de dificultad.

Hablemos de esta parte que calificaba de “devastadora”; ésta que vive escondida dentro de cada uno y que no queremos ventilar mucho porque nos duele, porque nos hace daño y hasta nos da miedo. Ésta es la parte que nos interesa de verdad, ya que gracias a ella podemos comprender cosas de nosotros mismos que hasta el día de hoy posiblemente ni siquiera veíamos. Es la parte que nos muestra a nosotros mimos tal cual somos, con nuestras luces y nuestras sombras, y ella es un camino excepcional que nos puede guiar para sanar y para equilibrar aspectos personales que no hemos sido capaces de ver en otras circunstancias o que sí hemos visto pero que no nos han “quemado” a fuego vivo las entrañas como ahora.

Todos vivimos en la paternidad y maternidad el cansancio, la exasperación, la intolerancia, la impaciencia, la necesidad de estar un momento solos (en silencio sin esos gritos, peleas o llantos), la necesidad de tener espacios vitales adultos después de una jornada completa con los niños, la sensación de no poder “dar” más y necesitar “recibir” algo, la frustración cuando las cosas no salen como previstas, el dolor cuando vemos a nuestros hijos tristes, la rabia cuando no nos escuchan… En fin, la lista es muy, pero muy larga.

 

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Flores de Bach y Crianza Respetuosa. Holly

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¿Y qué hay del otro lado? ¿Del lado de los peques? Pues lo mismo. Es enorme el amor que ellos y ellas sienten hacia sus padres, es infinita la necesidad que tienen de estar junto a ellos, el cariño incondicional que les profesan. Pero también está, al igual que para los adultos, la otra cara de la moneda:

toda la inmensa frustración que sienten día a día al no poder hacer lo que quieren, al tener que escuchar y obedecer las normas de los mayores o al no poder “ser” ellos mismos todo el tiempo porque tienen que acatar las exigencias de los adultos. A veces sienten que están haciendo algo mal cuando los mayores se enfadan o que no son lo suficientemente buenos a los ojos de los padres y madres. Otras veces aflora en ellos una rabia profunda cuando en millones de situaciones cotidianas no se sienten comprendidos o queridos. Están también las veces en que se sienten abandonados, solos, con miedo… Es otra lista interminable.

Y aquí estamos con los dos lados o polos de la crianza: padres y madres por un lado, e hijos e hijas por otro; pero no hay que olvidar que entre todos forman un entramado de relaciones con entidad propia y que lo interesante, a mi modo de ver, es poder considerar la familia de esta manera.

El Dr. Bach en su libro “Cúrese usted mismo” dedica un capítulo a la crianza, haciendo un énfasis especial en la importancia del respeto a la libertad esencial de cada persona, concretamente a los niños y niñas, y a la labor que tienen los padres y madres de acompañar a los seres que engendran y vienen a este mundo. Para él es capital que en ningún momento se trate de cambiarlos o guiarlos con fines propios, impidiéndoles desarrollar su propia personalidad. Al leer estas palabras, podríamos pensar que estamos hablando de la manera en que se concibe hoy en día la crianza natural o respetuosa. Y es que, por lo general, los procesos y necesidades del niño y de la niña son lo más importante desde esta perspectiva y se intenta respetarlos al máximo.

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Todo esto es muy válido pero, ¿qué hay de las necesidades de los padres y madres? ¿Qué hay de las necesidades de los otros, del entorno? Aquí es donde podemos considerar la importancia de las palabras del Dr. Bach pues para él el respeto a la libertad de cada individuo, aunque estemos haciendo referencia concretamente a la crianza, engloba por igual a hijos, hijas, padres y madres. Si no tomamos en cuenta todos estos aspectos no podremos tener una crianza realmente respetuosa ni tampoco será vivida como una oportunidad vital fructífera que nos ayude a evolucionar.

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Yo misma en mi experiencia como madre he sucumbido a este error tan frecuente  y he  antepuesto en todo momento, o he tratado de hacerlo, las necesidades de mis niños a las mías propias, llegando a un punto de desequilibrio insostenible que me ha ayudado justamente a tomar conciencia de esta descompensación.

A mi vivencia como madre se le suma mi propia experiencia profesional como terapeuta Floral, y esto me lleva a resumir la esencia de la crianza dentro de la constelación que representa cada familia, aunque parezca una perogrullada, en una palabra: respeto. Pero no sólo respeto de las necesidades de los niños y niñas, si no del respeto hacia “todos”. En una crianza que se entienda como  respetuosa hay que considerar individualmente a cada persona involucrada en ella y paralelamente, a la suma de ellas como núcleo familiar, para poder así equilibrar con éxito los procesos emocionales que sea necesario.

La crianza puede ser considerada y aprovechada como una gran oportunidad para todos de desarrollo personal, pero para ello debemos estar alerta de lo que nos está pasando, para al validarlo, intentar equilibrarlo. Por ello es fundamental, por un lado, tomar en cuenta los estados emocionales negativos y rasgos de personalidad de cada individuo en una familia y buscar las esencias que nos ayudarán a encontrar un balance; y por otro lado, tratar a la familia en su conjunto, la constelación que ella forma, para que se potencie una evolución general y pasemos por la crianza aprendiendo y creciendo en todos los aspectos. Es por ello que cuando me piden una consulta para un niño o niña, invito siempre al menos a uno de sus progenitores a revisar sus propios procesos para que no se vuelquen todas las expectativas sólo en la mejora de los estados emocionales negativos que ven en sus hijos e hijas.

Por lo general cuando los padres y madres se equilibran, que es cuando hay un cambio energético en ellos, los hijos van a mejorar sensiblemente en su conflictiva personal porque no hay que olvidar que están muy unidos emocional y energéticamente a nosotros durante muchos años.

 

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Flores de Bach y Crianza Respetuosa. Larch

A modo de ejemplo tomemos a una madre de personalidad Chicory (achicoria), a un padre de personalidad Impatiens (impaciencia) y un hijo de personalidad Centaury (centaura). La madre tendrá tendencia a controlarlo todo, tratando que sus seres queridos estén cerca de ella y valoren todo lo que hace para ellos o por ellos. El padre, será una persona muy rápida a nivel mental y vivirá bajo un estrés constante, queriendo ir a toda velocidad por la vida. Querrá que las cosas se hagan como él quiere y con la premura que demanda. Tendrá mucha facilidad para irritarse y explotar, y poca escucha para con los otros.

El niño Centaury, más bien introvertido y sumiso, evitará las peleas, querrá que sus padres lo valoren y acepten, y para eso intentará satisfacer sus demandas. Si esta madre y este padre no llegan a trabajar estos aspectos de su personalidad, ellos por su parte sufrirán este desequilibrio, y es muy posible que el niño, por la suya, no llegue a contactar con su voz interior, ya que con su carácter centaury tendrá tendencia a asumir que lo primordial  es lo que los otros necesitan y esperan de él. Lo más probable es que no llegue a exteriorizar sus emociones y que su carácter sumiso se acentúe cada vez más y acabe degenerando en un desarreglo emocional mayor.

Sin embargo, si el niño toma el elixir centaury podrá equilibrarse y exteriorizar sus emociones. No será fundamental para él el servir a los otros y ser validado constantemente por ellos, y dejando espacio a que sus propias necesidades aparezcan, tendrá menos miedo a las discusiones y a la opinión de sus padres, cosa que antes era impensable. Esto, como digo, será posible si el niño no es el único que sea tratado con Flores de Bach, porque si los padres no toman consciencia de su sombra, lo más probable es que la evolución de éste quede en suspenso.

Este caso hipotético es sólo un ejemplo, pues cada persona es única. En cada una interaccionan distintos rasgos de personalidad que hacen que se relacione consigo misma y con los demás de maneras diferentes.

Para poder desarrollar esta concepción del trabajo con Flores de Bach en familia he ideado un taller en el que trabajamos los estados emocionales en desequilibrio, simultánea y paralelamente, desde cada núcleo familiar y desde cada individuo, lo que permite vivir la crianza como un real aprendizaje y como una forma de evolución personal.

Nuestros niños y niñas han elegido venir a este planeta en el seno de nuestras familias porque somos nosotros como padres y madres los que les podemos acompañar en sus primeros años de vida para su propio desarrollo. Nosotros tenemos la increíble oportunidad de estar al lado de estos seres, lo que nos puede permitir tomar conciencia de nuestra propia “sombra” y seguir así creciendo  no sólo como padres y madres, sino como hombres y mujeres. Esta es una dimensión de la crianza mucho más profunda y las Flores de Bach hacen esta evolución posible al ayudarnos a equilibrar nuestros estados emocionales en el proceso de ser cada vez más nosotros mismos.

Macarena Vergara Sandford

Consejera profesional colegiada por la Bach Fundation

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