Presentación en Sevilla del libro “Yo niño, ¿recuerdas tu cita con Dios?”

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Nucho Castañón, ejercía como abogado ambientalista hasta que dos días en la U.C.I. le cambiaron sustancialmente la vida. Ahora trabaja con niños y adolescentes, mostrándoles una mirada distinta del mundo. Éste es su primer artículo de colaboración. Ha escrito varios cuentos infantiles donde un niño de otro planeta, Zax, hace un intercambio de estudios con una niña “terrestre”, Ada. Hoy miércoles Emilio Carrillo presentará en Sevilla otro libro de Nucho, esta vez para adultos: “Yo niño, ¿recuerdas tu cita con Dios?. En Centro Akasha (C/Abades, 16) a las 20:00 hr. 

Mi nombre es Nucho. En realidad ese no fue el nombre que me pusieron mis padres. Nucho fue como me llamaban de pequeño, cuando mis ojos no habían visto todavía el color negro del miedo. Nucho veía el mundo con la luz que emitían muchos colores.

Al descubrir a mi niño ya siendo adulto y volver a empezar a mirar con sus ojos los colores de la realidad, sentí el deseo de identificarme con él a través de su nombre. Y así fue como pasé de llamarme Manuel, a llamarme Nucho.

Nucho enseñó a Manuel a ver de nuevo el mundo con los tonos y matices de color que siempre tuvo y que un día olvidó. Recordé que cuando era niño sentía profundamente en mi corazón que era un ser del Universo, que no sólo era el cuerpo físico que veía en el espejo, sino que era una realidad mucho más excelsa y maravillosa que esa identidad física. Cuando descubrí en mi interior todo esto que te explico, entendí que no podía seguir viviendo conforme a los viejos paradigmas de mi vida anterior.

Estudié Derecho y me especialicé en Derecho Ambiental. Como había pocos especialistas en esa disciplina, el despacho empezó a crecer rápido y mi currículum también. Esto hizo que mi vida se centrará en trabajar, trabajar y trabajar.

El ritmo de vida que llevaba consistía en hacer muchas cosas lo más rápidamente posible. De hecho, si tenia algún hueco en mi ajetreada agenda, me sentía incómodo, como si esos huecos hicieran saltar las alarmas de que algo no estaba bien en la planificación del día, de que algo no funcionaba correctamente dentro de mis patrones de comportamiento social.

El culto a la velocidad que protagonizaba mi vida por aquel entonces me originaba un gran estrés y eso ocasionaba inestabilidad emocional y física y, por supuesto,  enfermedad. ¡Mi importante y gran agenda me llevó a la cama de un hospital!

Dos días en la U.C.I fueron suficientes para que me diera cuenta de que esa vida que había construido, basada en el éxito social y la conquista de dinero y estatus como únicos objetivos, había alcanzado su fecha de caducidad.

Empecé entonces a advertir la necesidad de tener una vida lo más sencilla posible y comencé un proceso de introspección interior, que antes de estar en el hospital ya había tímidamente irrumpido en mí, casi sin darme cuenta.

Ese proceso de girar la mirada hacia mi interior, me llevo a conectar con el niño que una vez fui y que ahora brilla en mi corazón. Recordé que un día fui un niño despierto, curioso, alegre, confiado,  inocente y sencillo, conectado con la Totalidad, la Fuente, Dios o como cada uno quiera llamarlo.

imagen de la portada del libro yo niño, ¿recuerdas tu cita con dios?

 

El paso del tiempo y el trato con otros seres humanos y con circunstancias de la vida, hicieron que ese niño se fuera escondiendo cada vez más dentro de mí… hasta el punto de olvidar que una vez existió.

Olvidé completamente esa sensación de plenitud y de conexión con la Totalidad que atesoran en su corazón los niños y las niñas.  Olvidé que un día fui un ser del Universo, un ser alegre, libre, con confianza en la vida, que creaba sus sueños con la magia de la conexión que relegué.

Encerré a mi niño dentro de una caja en mi corazón y para asegurarme de que no pudiera salir, cerré esa caja con muchas cadenas, llenas de candados. Tan oculto lo mantuve, que no me di cuenta que, en mi afán de protección, conseguí separarme de mi esencia.

Cuando vuelves a conectar con tu verdadero ser, con tu propia divinidad, empiezas automáticamente a ver el mundo con otros ojos y a descubrir nuevas puerta que te llevan hacia senderos cuyo último fin es la armonía y el equilibrio. Dicen que cuando descubres una verdad te transformas en ella.

Yo descubrí que podía mirar el mundo con los ojos de mi alma, a través de la mirada del niño que fui y que soy.  Entonces cambié la prioridad de tener por el goce ser, transformé la necesidad de conquistar por la alegría de compartir y substituí materia por vida. Esa vida donde el equilibrio abandera tus actos y la plenitud guía tu caminar.

Es posible darle una oportunidad a tu niño o tu niña para que vuelva a vivir en ti, creando a cada instante tu realidad y a cada momento tu verdad.

Lo/a encerraste en tu corazón hace mucho tiempo y está deseando salir a volver a mirar el mundo con sus ojos, con los ojos de Dios, que son los tuyos.

Un privilegio compartir contigo estas breves reflexiones nacidas del corazón, que inician una serie de aventuras que compartiremos juntos en este espacio, si ese es tu deseo.

La aventura del recuerdo del ser.

Con amor.

Os dejamos el enlace a la presentación del universo de Ada y Zax:

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